Características de los gatos de terapia

Gatos de terapia – Terapia Asistida con Animales

Ni piano, ni violines, ni las olas del mar… el sonido más relajante del mundo es el ronroneo. Puede que la especie más habitual en Terapia Asistidas con Animales sea la canina, pero los felinos también tienen mucho que aportar a las personas que necesitan ayuda y buena compañía. Los felinos buenos y ronroneantes, no los que te hacen emboscadas escondidos detrás de una puerta. Los gatos de terapia son animales fascinantes y generosos. Veamos cómo son las características de estos terapeutas.

Los gatos de terapia tienen un carácter especialmente sociable y tranquilo, pero, como cualquier otro animal de asistencia, necesitan cierto entrenamiento para poder ayudar en intervenciones terapéuticas.

 

¿Cómo es la gatoterapia?

La conexión humano-animal es la base para conseguir los objetivos marcados en terapia. La Terapia Asistida con Animales es una manera de ayudar a personas con problemas físicos, psicológicos o sociales. Los animales de compañía son facilitadores natos, esto es, son capaces de identificar las emociones de los demás y hacen todo lo posible por animar a quien se siente mal.

Lo más habitual es que en las intervenciones asistidas colaboren perros, caballos o incluso delfines, pero lo cierto es que un gato escogido especialmente y bien entrenado puede desarrollar una labor estupenda de asistencia terapéutica.

La gatoterapia es una variante más de las actividades asistidas con fines terapéuticos. Estas actividades deberán ser diseñadas, planificadas y desarrolladas por un equipo multidisciplinar de expertos: el Técnico de Terapia con Animales, médicos, psicólogos, fisioterapeutas, educadores sociales, etc. No obstante, los gatos deberán pasar previamente por la consulta del médico veterinario para garantizar la seguridad de las personas implicadas en las intervenciones. Solo así se evitarán las enfermedades zoonóticas.

Los gatos de terapia son tan válidos como los perros para alcanzar los objetivos. Muchas personas prefieren la compañía de los felinos. Poder proporcionar a estas personas la tranquilidad de pasar un buen rato con los animales que más les gusta supone un punto extra para garantizar el éxito de las intervenciones.

 

Beneficios de la Terapia Asistida con gatos

Acariciar a un gato o jugar con él nos ayuda a tranquilizarnos y a disfrutar del momento. Su compañía mejora los niveles de ansiedad y proporciona una experiencia llena de afecto y complicidad. Además, su ronroneo produce una vibración cuyos efectos son muy relajantes.

Los beneficios de la terapia con gatos son muchos:

  • Involucran a todas las personas que participan en las actividades.
  • Alivia el estrés y ayuda con la depresión.
  • Reduce la presión arterial y mejora el riego sanguíneo.
  • Ayuda en la superación de diversas fobias.
  • Potencia la motivación y la ilusión.
  • Consiguen que las personas encerradas en sí mismas confíen en los demás y se comuniquen con el entorno.
  • Mejora la concentración.
  • Entretienen a los participantes.
  • Ofrecen compañía de la más divertida.

 

Dónde llevar a cabo la Terapia Asistida con gatos

La Terapia Asistida con Animales es muy efectiva con los niños con autismo y con las personas que se sienten desamparadas, como los ancianos de una residencia, por ejemplo. Las distintas actividades de terapia actividades se pueden llevar a cabo de manera individual, en sesiones privadas o proporcionando animales entrenados para que los adopten personas con necesidades especiales, o de manera grupal en sesiones breves o programas de varios días.

Las intervenciones pueden llevarse a cabo en sitios como:

  • Centros de Terapia Asistida con Animales.
  • Residencias de personas mayores.
  • Centros de acogida.
  • Centros penitenciarios.
  • Colegios.
  • Campamentos.
  • Hospitales.
  • Centros de rehabilitación.
  • Clínicas de fisioterapia.
  • Granjas escuela.

 

Características de los gatos de terapia

Los animales de terapia deben ser elegidos especialmente por el Técnico en Terapia Asistida con Animales. Para poder llevar a cabo intervenciones de este tipo es imprescindible que las mascotas cuenten con ciertas particularidades y condiciones.

El especialista será quien determine qué animales son idóneos para las actividades concretas. Además, tendrá que asegurarse de que este animal está perfectamente entrenado para interactuar de manera segura con otras personas a las que no conoce.

Algunas de las características que debe reunir un gato de terapia pueden ser las siguientes:

  • No puede ser un gato agresivo.
  • Tiene que ser un animal muy sociable que disfrute con la compañía de todo tipo de personas, aunque sean desconocidas para él.
  • El gato de terapia no puede alimentarse con proteínas crudas (pollo, carne, pescado, huevos etc.) para evitar que propague posibles infecciones a los participantes con sistemas inmunológicos débiles.
  • Es imprescindible que tenga todas las vacunas al día y que haya pasado los controles de salud correspondientes.
  • Debe contar con una edad mínima de aproximadamente un año.
  • El especialista o entrenador tiene que conocer al gato de terapia lo suficiente como para estar seguro de cómo es su carácter. Lo ideal es que ambos lleven al menos seis meses juntos.
  • El gato tiene que sentirse cómodo con la correa.
  • Los gatos son mascotas muy sensibles y nerviosas. El gato de terapia no puede ser un animal que se asuste fácilmente con ruidos extraños o con movimientos bruscos.
  • Tiene que ser un gato activo pero no en exceso. Además, deberá saber estar quieto cuando se requiere.

 

Cómo entrenar a los gatos de terapia

Algunas pautas básicas para entrenar a un gato de terapia son las siguientes:

  • Hay que socializar al gato desde pequeñito. Es importante hacerle sentir cómodo con las caricias, con el baño, con que lo porten en brazos, con la compañía de personas que no conoce, etc.
  • Repetir con regularidad ciertos ejercicios de socialización. Como, por ejemplo, acariciarlo por todo el cuerpo, sostenerle las patas, sujetarlo en brazos, etc. Los gatos de terapia estarán expuestos a gestos de este tipo y no suelen ser muy receptivos a ciertas carantoñas a no ser que se les entrene. Es importante también realizar estos ejercicios con personas que el animal no conozca.
  • No se debe forzar al animal a hacer algo que no quiera hacer. El respeto mutuo debe ser la base de la comunicación con el animal, si se siente incómodo con un ejercicio, lo mejor es dejarlo y buscar otra forma de llevarlo a cabo sin que se sienta mal. Por otro lado, jamás castigaremos al gato durante el entrenamiento.
  • Hay que acostumbrar al gato a salir de casa. Siempre debe ser de manera segura y con vigilancia. El animal tiene, además, que acostumbrarse al trasportín, al coche y a pasear con la correa.
  • Se puede entrenar al gato con las técnicas típicas de adiestramiento animal. Por ejemplo, es muy útil el uso del clicker. Gracias a esta herramienta podemos enseñar al gato de terapia a hacer trucos y ejercicios de obediencia necesarios para las actividades asistidas.
  • Es importante asegurarse de que sabe cuál es su nombre. Un ejercicio muy sencillo es llamarle por su nombre cuando abrimos la latita de comida.
  • Hay que observar su comportamiento habitual y su lenguaje corporal para saber anticiparse a sus reacciones y conocer su estado de ánimo en cada momento. Esto se conseguirá pasando mucho tiempo con él y fijándose atentamente en todo lo que hace.

 

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