Si la palabra fascinante se queda corta para definir lo que sientes por el mundo de la ornitología, seguro que profundizar en alguna de sus especies más peculiares aún más. Concretamente, las aves que no vuelan componen una familia de increíbles vertebrados que llevan toda una vida en la tierra. Dónde habitan, por qué dejaron de volar un buen día, cuáles son las más representativas… Todo ello podrás descubrirlo en el siguiente artículo. ¡Te las presentamos!

¿Cuáles son las aves que no vuelan? Y eso, ¿por qué?

Como podrás imaginar, este grupo de animales es una pequeña minoría dentro del universo ornitológico que coloniza los cielos. En datos de población, las aves que no vuelan son un grupo que apenas supera las 50 especies dentro de las 18.000 en el mundo que sí lo hacen, según nuevos estudios ornitológicos.

Está claro que estos seres vivos son algo raros, pero al parecer la madre naturaleza no los hizo así, con esa serie de particularidades que veremos más adelante. Para empezar, no dejan de ser aves como el resto de sus amigas las voladoras y eso quiere decir que también poseen alas, aunque no puedan usarlas para coger altura y volar. Lo que ocurre es que en un momento dado de su evolución dejaron de desarrollar esa función. Así, tal cual. Antes de descubrir con nombres y apellidos las aves que no vuelan, te gustará saber que la mayoría procede de antepasados que sí tenían esa capacidad.

Aunque parece una desventaja evolutiva en toda regla, las teorías más aceptadas señalan que estos animales se fueron adaptando generación tras generación a su nuevo “rol”. En cuanto a las razones, por un lado no tener grandes depredadores con los que luchar en el medio al que llegaban, a veces islas alejadas de continentes. Y por otro, no contar con animales rivales con los que competir por los alimentos cazados. Poco a poco iban naciendo tipos de aves capaces de desplazarse bien por la tierra y el agua, con otras características morfológicas. ¿Para qué gastar energías volando?

Un ADN en común para las aves que no vuelan

Podríamos seguir hablando largo y tendido sobre las causas que propiciaron que estas aves renunciaran a su capacidad de surcar los cielos. Pero otra cosa bien distinta es ponerse de acuerdo a la hora de definir en qué momento de la historia ocurrió semejante metamorfosis. Según un descubrimiento de fósiles, todo apunta a que en la época del Mioceno ya existían seres así, o como mínimo con características similares a las aves que no vuelan actuales.

Y ahora toca hablar de su anatomía y otras particularidades que muchas variedades comparten y a la vez las aleja aún más de las aves voladoras, autoras de grandes migraciones recorriendo miles de kilómetros que son un espectáculo visual. Podemos empezar por la estructura de sus alas: más cortas, pequeñas y pesadas, son aptas para cumplir otras funciones, como nadar o defenderse de los ataques de animales. ¿Otra rasgo común? Suelen carecer de quilla en el pecho. Normal, pues es una extensión del esternón que permite batir las alas a las especies que sí vuelan.

En cuanto a su plumaje, es bastante abundante en casi todas puesto que no precisan pesar poco. Algo parecido ocurre con su composición ósea, a base de huesos densos y pesados y también sus cuerpos se han adaptado para ser excelentes corredores o nadadores. Por eso las aves terrestres han desarrollado patas grandes y fuertes, perfectas para carreras pedestres veloces. Y las acuáticas suelen tener patas palmípedas (con membranas interdigitales) para desplazarse con rapidez por el agua. ¡Fíjate bien a partir de ahora!

¿Qué aves no vuelan ni queriendo? Un grupo de raros adorables

Ante el dilema de si realmente las conocemos o no, aquí van algunas de las aves que no vuelan más representativas, y ya te adelanto que tienes controladas a unas cuantas. Pero no olvides que hay más ahí fuera. ¡Veamos!

Pingüino o el cariñoso “pájaro bobo”

Nunca lo habrás visto volar, pues está especialmente adaptado para la vida en el agua, donde obtiene su dieta principal. Por eso es un crack nadando y un excelente buceador, capaz de alcanzar los 60 km/hora. De la familia Spheniscidae, habita en diferentes zonas del hemisferio sur, como la Antártida, e islas Galápagos.

Avestruz, el ave más grande del planeta

Una criatura de 2,70 m de altura y capaz de superar los 180 kilos. La evolución de esta especie (Struthio camelus) autóctona de África es la razón de sus patas kilométricas y musculosas y de sus inmensos pies. Gracias a ellas es un auténtico Usain Bolt, el hombre más rápido del planeta. Si se lo propone, llega a superar los 70 km/hora, utilizando sus alas para mantenerse equilibrado o defenderse ante algún ataque.

Gallina, la más popular y productiva

Seguro que has tenido ocasión de ver una cerca y has observado con curiosidad sus movimientos. Pues volar lo que se dice volar no vuela, pero es el ave más numerosa en población (tocamos a 3 por persona). Gallus gallus domesticus es la subespecie más común y al parecer cerca de 30 razas habitan en nuestro país.

Vapor austral, el pato que no vuela

Quédate bien con su nombre porque aunque la mayoría de sus colegas levantan el vuelo de cine, él no lo hace. Tachyeres pteneres habita principalmente en América del Sur, sobre todo en la zona de Tierra de Fuego, y es un experto nadador porque se pasa la vida en el agua en busca de peces y moluscos, sus manjares favoritos.

Loro nocturno de nombre Kakapo

¿Te gustan los loros? Pues este en concreto es el único tipo de su familia que no puede volar y al parecer la razón reside en su peso: ¡hasta 4 kilos! Autóctono de Nueva Zelanda, Strigops habroptilus también ostenta el título de ser el loro más longevo, pero se encuentra en peligro crítico de extinción ante la destrucción de su hábitat. Su color similar al musgo es un arma defensiva perfecta para camuflarse.

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